Paúl Miguel Ortega González Ingeniero de Sistemas Paúl Miguel Ortega González home page:
Paúl Miguel Ortega González - Una burbuja llamada fútbol - Foto-3-burbuja-Gallardo-1024x573.jpg

Una burbuja llamada fútbol

Publicado por: Paúl Miguel Ortega González, en Mar 17, 2021

    Todo lo que el fútbol fue, es y será. Todas las razones que justifican que cientos de millones de personas en el planeta contemplen sus vidas a través de este juego  El exjugador Jorge Valdano, un héroe de esa pasión, defiende aquí cerca que el fútbol es un deporte infinito. También es resistente como un partisano emboscado. “Ha sobrevivido a dos guerras mundiales, a la deflagración de Yugoslavia y entre medias a muchísimos cambios económicos, políticos y demográficos”, reflexiona Christopher Anderson, profesor de Política Europea en la London School of Economics (LSE).

  Quizá porque para practicarlo no se necesita ni un equipo caro ni un espacio complejo. Se juega en las favelas brasileñas y en los deprimidos arrabales africanos. Nunca ha dejado de ser un juego global y reconocible. En el campo recrea la tensión y la táctica de las partidas de ajedrez entre Bobby Fischer y Boris Spassky. En las oficinas, las hojas Excel registran un negocio enorme. Un informe de la UEFA describe que en la temporada 2018/2019 aproximadamente el 75% de los clubes de las cinco (España, Francia, Inglaterra, Italia y Alemania) grandes Ligas europeas consiguieron 626 millones de euros en beneficios. Solamente por derechos de retransmisiones internacionales la Premier League (1.526 millones) y LaLiga (897) se embolsan cantidades extraordinarias. El encuentro es millonario. Los ingresos globales del Barça llegan a 840,8 millones de euros —acorde con Deloitte— y los del Real Madrid superan los 757 millones. Una alineación de ricos. Los 20 principales clubes del mundo sobrepasaron la cifra de 9.200 millones de euros en la temporada 2018/2019. Jamás habían generado tanto.

    El fútbol no es solo el deporte más popular del planeta, sino también uno de los más rentables. El índice Stoxx Europe Football —reúne a los equipos europeos cotizados— subió un 30% el año pasado, un porcentaje que casi triplica las ganancias del Ibex 35. La economía del fútbol es única. “Dentro de la industria de los deportes profesionales es el más global. La NFL [Liga Nacional del Fútbol Americano] y el béisbol estadounidense casi no tienen mercado exterior, y la NBA, uno pequeño. Pero clubes como el Barça y el Manchester United venden en todo el mundo”, observa Simon Kuper, coautor del libro Soccernomics. “Además, ahora, con el fair play financiero [los equipos deben gastar en un función de sus ingresos], hay más restricciones en los presupuestos, lo que ayuda a que sean más rentables”. 

    “Tener un club de fútbol se ha convertido en un negocio muy lucrativo”, resume Teresa de Lemus, directora en España de la consultora Brand Finance. También supone fichar marca personal, marketing, política; estatus. Acierta Valdano. Es ilimitado. “En términos prácticos, los límites son políticos y de organización. Hay conflictos entre los distintos organismos (FIFA, UEFA, RFEF). Esto no es otra cosa que un reflejo de la pelea por el control del fútbol. Además, los Gobiernos están interesados en utilizarlo para conseguir sus fines. Sin embargo, la gran pregunta aquí es el papel que China va a desempeñar en este juego mundial”, advierte Stefan Szymanski, profesor de gestión deportiva en la Universidad de Míchigan.

   Pero todo lo que fue, es y será el fútbol ha llegado a su año cero. “Este deporte, con más de 150 años de antigüedad, acaba de nacer. Estamos en un momento de cambio absoluto en la gestión”, defiende Luis García, responsable de Mapfre AM Behavioral Fund, un fondo que tiene al Ajax de Ámsterdam (5% de la cartera) y al Olympique de Lyon (4,5%) como dos posiciones de peso. Son equipos, sobre todo el Ajax, vendedores (esta temporada traspasaron a De Jong al Barcelona y a De Ligt al Juventus por 150 millones), con una caja saneada, un estadio en propiedad e ingresos recurrentes. “Por eso el Celta y el Valladolid están presionando a sus Ayuntamientos y amenazan con irse de la ciudad, quieren ser dueños de sus estadios; protegen el negocio”, comenta el presidente de un club de Primera que pide no ser citado.

El jeque Sheikh Mansour, dueño del Manchester City, conversa con Pablo Zabaleta y Pep Guardiola en Abu Dhabi. 

   Esta pasión necesita una verdadera estrategia industrial, que nunca ha tenido. Los formatos de las competiciones apenas han cambiado en décadas. Y pese al éxito, existen fuerzas cíclicas y estructurales que amenazan al juego. Los precios de los traspasos, las comisiones de los agentes y los salarios de los futbolistas están en alturas históricas. Solo en la temporada 2017/2018 los clubes ingleses de la Premier pagaron, según Deloitte, 2.910 millones de euros en nóminas. Y el salario medio del primer equipo del Barça supera —acorde con Sporting Intelligence— los 12,2 millones de euros al año. Unos 235.000 euros semanales, aunque es un dato condicionado por alta la ficha de Leo Messi. Esto añade presión a los grandes clubes por pagar y atraer talento; y a los pequeños por seguir vivos. Sin hacer rehenes, la tecnología está revolucionando las formas de consumir el juego, y las mujeres —pese a que su presencia “solo representa entre el 1% y el 3% en la jerarquía del fútbol”, denuncia Ebru Köksal, presidenta de Women in Football— empiezan a llenar estadios.

   Silicon Valley también está inflando la burbuja del juego. El multimillonario Egon Durban, gerente de la firma californiana de private equity Silver Lake y cuyo equipo de fútbol favorito son los desconocidos San Jose Earthquakes, ha invertido 500 millones de dólares en el 10,5% del City Football Group (CFG), dueño, entre otros, del Manchester City de Pep Guardiola. La operación valora al Grupo (controlado por Abu Dabi) en la cifra récord de 4.050 millones de euros. Ningún club deportivo, de cualquier disciplina, alcanza esa tasación. Otro magnate, este de Texas, Dan Friedkin, está cerca de adquirir la Roma por 790 millones. Y se supone que sus asesores —JP Morgan— habrán leído bien el balance. Pues los ingresos operativos (beneficios antes de impuestos, intereses y amortizaciones) fueron negativos en unos 29 millones de euros durante el año fiscal 2018/2019.

   Esto sucede dentro, fuera la fiebre del oro pierde fulgor. El boom de los derechos de televisión, el principal motor del crecimiento en la última década del sector, ha cesado. Los ingresos —revela la consultora Enders Analysis— por las subastas de las licencias de la Premier para las temporadas 2019-2022 cayeron un 10%. Es la mayor bajada desde que se paga por ver fútbol en directo en televisión. “El sector ha crecido a doble dígito desde la crisis financiera, por lo que no resulta una sorpresa que el ciclo se esté enfriando”, subraya François Godard, experto de Enders Analysis. Pero avisa: “El problema es que muchos clubes no tienen un modelo sostenible”. Sin los ingresos pasados, cuando vivían en el jardín del Gran Gatsby, no podrán soportar los gastos presentes. Estas cifras están en riesgo. Un club que compite en la Premier tiene garantizados más de 100 millones de libras.

   Si se pierde esa felicidad será por la avalancha del dinero. Es la razón que explica que el fútbol inglés domine el negocio. Es una aritmética sencilla. El Manchester City gastó en fichajes entre 2008 y 2012 unos 520 millones de libras, bastante más, incluso, que en los cuatro años de derroche de Abramovich en el Chelsea. Un ejemplo. El Liverpool ha pasado de ser rescatado en 2010 de la bancarrota por el Fenway Sports Group (FSG), un conglomerado estadounidense dueño del equipo de béisbol los Red Sox de Boston, a convertirse en uno de los grandes compradores de futbolistas de la Premier.

Menos licencias

   Esta industria sin estrategia empresarial clara tiene razones para estar preocupada por la caída de las licencias. Surgen dudas. “Primero: ¿La disminución de la audiencia en la televisión tradicional tendrá un efecto negativo en lo que los emisores están dispuestos a pagar? Ya vemos algunos signos de saturación. Segundo: La bajada del valor de los derechos televisivos se compensará con un aumento del precio de los nuevos paquetes de contenidos diseñados para atraer a gigantes tecnológicos del streaming como Amazon, donde los fans más jóvenes cada vez pasan más tiempo”, se cuestiona Barry Flanigan, director de producto de la plataforma deportiva COPA90. La tecnología cambia la forma de entender el juego. “Estadísticas avanzadas, visualizaciones interactivas, realidad aumentada”, desgrana Pablo Peña, experto de la consultora StatsBomb. Pero no se detiene. Pese a quien pese. El excesivo número de partidos y torneos que juega la élite del deporte conduce a situaciones que tensan el oficio. El Liverpool se vio obligado a disputar en diciembre dos partidos oficiales en 24 horas a 5.500 kilómetros de distancia. Uno con el equipo profesional, otro con el sub23. “El fútbol y sus parámetros económicos están cambiando. Cada vez es más exigente (entrenamientos, competiciones, desplazamientos) con el jugador. Y toda actividad, ya sea empresarial o humana, se basa en el equilibrio. No es bueno que se rompa”, alerta Manuel García Quilón, quizá el agente de la ­FIFA más poderoso de España.

0 comentarios